الثلاثاء، 1 سبتمبر 2015

Bait Al Mal: La era del Profeta y de los Califas - I

Introducción
Bait Al Mal en una sociedad islámica, es el equivalente al Ministerio de Hacienda o al tesoro nacional de un país. Én este artículo veremos cómo funcionaba este organismo del Éstado islámico bajo el gobierno del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y el de sus sucesores, los Califas bien guiados, que Al-lah esté complacido con todos ellos.
Él sistema financiero islámico es uno de los sistemas más independientes y nobles en nuestra civilización. Él glorioso Corán declara este hecho en el dicho de Al-lah (que se interpreta en español): {Ésto para que el botín no sea un privilegio de los ricos.} [Corán 59:7] Por lo tanto, la civilización islámica tiene como objetivo la rotación necesaria del dinero entre toda la gente, no sólo entre los ricos, puesto que esto puede causar vergüenza a la comunidad musulmana y formar una clase social injusta.
Importancia e ingresos de Bait Al Mal
Bait Al Mal es una fundación que supervisa todos los ingresos del Éstado islámico y sus distintos gastos, está bajo la autoridad del Califa o del gobernante, quien es el responsable de ajustarla a las formas legales de gasto para beneficio de la Ümmah (nación) musulmana tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra. [Munir Hasan Abdul-Qader, Mu’asasat Bait Al Mal fi Sader Al Islam (Las instituciones de Bait Al Mal en los primeros días del Islam), p. 47]
Los ingresos importantes de Bait Al Mal incluyen el Zakah (caridad obligatoria), Jaray (impuesto a la tierra), Yiziah (impuesto selectivo que deben pagar los no musulmanes para vivir en un Éstado islámico), botín, desalojos y dotaciones. Todos estos tipos, excepto las dotaciones, incluyen impuestos sobre la propiedad, la tierra o el alma. [Shawqui Abu Jalil, Al Hadarah Al ‘Arabiah Al Islamiah (La Civilización Árabe Islámica), p. 331] 
Las jurisdicciones de Bait Al Mal incluyen el dinero que pertenece a los musulmanes colectivamente y el dinero gastado para beneficio de los musulmanes. [Al Mawardi: Al Ahkam As-Sultaniah (Las Ordenanzas del Gobierno), p. 278] Por lo tanto, Bait Al Mal es uno de los pilares importantes de la civilización islámica, ya que es la única autoridad aprobada para gastar en beneficio de los musulmanes. Én la actualidad cuenta con la autoridad de un ministro de finanzas y un banco central.
Gastos de Bait Al Mal
Los gastos de Bait Al Mal incluyen:
Primero: Salarios de gobernantes, jueces, funcionarios y personal de las oficinas públicas, incluyendo al mismo Líder de los creyentes o Califa.
Segundo: Salarios de los soldados y el ejército.
Tercero: Suministrar al ejército armas, equipo militar, municiones, caballos o sus equivalentes.
Cuarto: Desarrollar proyectos públicos, como puentes, represas, carreteras, edificios públicos, casas de descanso y mezquitas.
Quinto: Gastos de las fundaciones sociales, como hospitales, prisiones y otras instalaciones estatales.
Sexto: Proveer a los pobres, huérfanos, viudas y quienes dependen de ellos, ya que el Éstado tiene que sostenerlos.
Por lo tanto, este es el sistema económico preciso desarrollado por la civilización islámica en sus primeras etapas, precediendo a cualquier otra civilización. La civilización islámica tiene la prioridad en regular los ingresos y los gastos del Éstado. Sin embargo, después de regular estos ingresos y gastos, puede haber algunas circunstancias urgentes, como desastres, hambrunas y falta de lluvia o epidemias de enfermedades, lo que obliga al Éstado a pedirle a los adinerados que donen de forma voluntaria para beneficiar a la mayoría de los musulmanes. ‘Üzman ibn ‘Affan, que Al-lah esté complacido con él, donó mucho dinero para salvar a los musulmanes en la época de hambruna durante el gobierno de Abu Baker, que Al-lah esté complacido con él. ‘Abdur-Rahman ibn ‘Awf, que Al-lah esté complacido con él, hizo lo propio durante el gobierno de Omar ibn Al Jattab, que Al-lah esté complacido con él. Hay muchos ejemplos de ello en la historia islámica que aseguraron el flujo de dinero hacia las arcas del Éstado sin coerción, expropiación ni fuerza. [Ver: ‘Ali ibn Naif Ash-Shahud, Al Hadarah Al Islamiah Baina Asalatil Madi Wa Amal Al Mustaqbal (La civilización islámica entre la genialidad del pasado y la esperanza del futuro), p. 257].

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